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Paco

El flagelo del paco

Composición

El paco aparecía definido inicialmente como el residuo del proceso de elaboración de clorhidrato de cocaína. Es decir el tratamiento que se le hace a la ‘pasta base de coca’ o PBC (sulfato de cocaína) que tras diversos procesos de cocción y secado permiten la obtención del clorhidrato de cocaína, el polvo de cocaína que puede ser inhalado o inyectado dado que es soluble.

El proceso inicial comienza en los países cultivadores como Perú, Bolivia o Colombia a partir de las hojas de coca que primero se maceran con carbonato de potasio y se secan. Posteriormente se procede a la extracción con un solvente orgánico (kerosene) precipitación con ácido fuerte (ácido sulfúrico), disolución del residuo en agua y precipitación última con álcalis (carbonatos para las hojas y soda para neutralizar el ácido sulfúrico). De esta manera, se elimina el resto de componentes químicos existentes en la hoja de coca y se obtienen sólo los alcaloides y éstos en forma básica (sulfatos). De allí el nombre tradicional de pasta base de cocaína (PBC).

Cuando con la PBC, se trata de obtener el Clorhidrato de Cocaína, es necesario hacerlo con compuestos más purificados. Para ello, se emplean oxidantes como el permanganato de potasio, luego se disuelve con éter y mediante el tratamiento con ácido clorhídrico, precipita como clorhidrato de cocaína.

La aparición de la PBC en Argentina, Uruguay y Chile comenzó a fines de los ’90, por las restricciones que pesaban sobre los productos dominados “precursores químicos” necesarios para su extracción y refinación (acido sulfúrico, acetona, permanganato de potasio, etc.) en otros países, ingresando entonces la pasta base para su purificación en nuestro territorio.

Este fue el nacimiento de las “cocinas”, como se las conoce en la jerga, en esos laboratorios caseros se procesa la pasta base para fabricar paco y también clorhidrato de cocaína. La PBC es básicamente sulfato y alcaloides.
Si se les quita el sulfato, se obtiene el paco: el alcaloide puro de la cocaína. Se comercializa rebajado con cafeína, bicarbonato de sodio y anfetaminas.

Los datos que se están manejando actualmente a través de un trabajo que está realizando el Ministerio de Justicia (Gendarmería, Policía Federal) y la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Medicina y Facultad de Farmacia y Bioquímica) es que se trataría del alcaloide puro.

Cocaína base (alcaloide) + bicarbonato = Paco (que puede ser fumado)

Lo que distingue al paco del crack que se vende en Estados Unidos o Europa es que para obtener crack, deben partir del clorhidrato de cocaína y no de la PBC (Pasta Base Cocaína) pues esta se obtiene de la primera extracción de la planta y no hay plantaciones de cocaína en esos países.

Clorhidrato de cocaína + Bicarbonato = Crack (que puede ser fumado)

En cambio en nuestras latitudes, puede conseguirse la “cocaína base” o alcaloide cocaína por el ingreso de la PBC para su extracción y refinación.

El paco a diferencia del crack, no tiene su apariencia (piedras o cubos claros o blancos) ni hace el sonido que le dio el nombre al ser calentado (crack) porque no proviene del clorhidrato, sino de la cocaína base. Obviamente se le deben sumar los adulterantes utilizados para su “estirado” en la fase de comercialización.

Formas de presentación

Es un producto que se obtiene en la producción del clorhidrato de cocaína. Contiene entre un 40 y un 60% del alcaloide puro mezclado con ceniza y otros adulterantes. Es una sustancia pulverulenta amorfa, su color puede variar del blanco sucio hasta el café.

Su punto de volatilización es bajo y por eso es posible fumarla, a diferencia del clorhidrato. Se fuma en pipas manufacturadas a las que se les coloca en el fondo ceniza de tabaco o lana de acero, para encender y mantener el calor para la volatilización del polvo. Atraviesa las membranas celulares de forma rápida y eficaz. Atraviesa la barrera hematoencefálica: tarda entre 5 -10 segundos en tener efectos centrales.

El principal metabolito es la anhidroecgonina metil ester (AEME), también conocida como metil ecgonidina. Puede ser detectada en orina 3-4 días después del último consumo.
Existe poca correlación entre el tiempo de consumo y la edad de los usuarios. Hay usuarios de 15 años con más de 6 años de consumo, al lado de usuarios de 30 años con unos pocos meses.

Patrones de consumo

  • Primer contacto a través de amigos o grupo de pertenencia
  • En la etapa de consumo compulsivo , utilizan la sustancia en forma diaria
  • Otros sólo durante el fin de semana ( uno o dos días seguidos )
  • Otros durante “marchas” de varios días , deteniéndose luego por un tiempo

La cantidad fumada fluctúa entre 5 a 10 “bases” diarias, lo que hace entre 35 y 70 a la semana. Hay usuarios que, si se dan las circunstancias apropiadas, se pueden fumar hasta 50 – 100 “bases” en un solo día.

Una proporción importante de usuarios sostienen una conducta sorprendentemente normal, trabajan, colaboran con la familia, etc., pero mantienen simultáneamente un nivel de conflicto mayor o menor con esta, mientras entran y salen de períodos de consumo.

Es posible que una parte importante de los sujetos más graves, aquellos que no logran salir del círculo compulsivo de la droga y degradación social, tengan como antecedentes rasgos anormales de personalidad y otros síntomas psicosociales que son previos al uso de la sustancia.

El problema mayor del consumo crónico es el descenso en la escala valórica y el cambio de conductas del adicto.
Abandono de las más básicas conductas de autocuidado (alimentación, higiene personal), comienzan por vender sus bienes personales, los que trabajan gastan el presupuesto destinado a la familia.

Muchos realizan comercio sexual (en ambos sexos) para mantener el consumo. La pérdida de normativas sociales que vive el usuario, lo va transformado en otro ser, situación que podría denominarse Síndrome sociopático. El consumo de pasta base amplifica la vulnerabilidad social de origen, tanto del usuario como de su familia.

La adicción es un fenómeno complejo, debe procurarse un tratamiento médico-social, que no sea simplemente la encarcelación cuando delinquen dentro de la dinámica de la adicción.

Factores de riesgo o fragilidad en niños y adolescentes

  • Falta de función parental
  • Soledad
  • Desintegración familiar
  • Deserción escolar
  • Falta de límites
  • Exclusión social
  • Violencia
  • Modelo adictivo
  • Fallas de comunicación

Cuadro clínico

El estímulo desencadena un intenso síndrome disfórico en que el sujeto sufre una verdadera crepuscularización de la conciencia y sólo desea consumir la droga, acompañado de dolor abdominal, urgencia rectal, inquietud psicomotora e irritabilidad.

El sujeto restringe el repertorio de conductas dedicándose por completo a la búsqueda de la droga. Esta intensa disforia cesa súbitamente en el momento de aspirar el humo.

Síndrome Disfórico Pre Consumo

  • Dolor abdominal
  • Urgencia rectal
  • Inquietud psicomotora
  • Angustia
  • Sudoración

Algunos no presentan síndrome disfórico pre-consumo

En la clínica del consumo destaca una importante pérdida de peso de hasta un 20%. Es extremadamente sensible a las variaciones de consumo, tanto que ha resultado ser un indicador de la mantención de la abstinencia.

Se sugiere que las sensaciones que provoca están en relación con la farmacodinamia de la sustancia y no con la concentración plasmática alcanzada, de ahí las diferencias con el clorhidrato de cocaína.

Al fin del consumo, se gatilla en el usuario un estado de intranquilidad psíquica que progresa hasta que consume la próxima y así sucesivamente.

Existe un efecto euforizante durante los primeros meses de uso, efecto que desaparece casi por completo con el consumo crónico.

Las sensaciones placenteras desaparecen o se atenúan significativamente, en tanto aparecen síntomas motores cada vez más intensos (hipertonía y estereotipias motoras), psíquicos (ideas paranoides) y alteraciones sensoperceptuales ante dosis progresivamente menores. Esto corresponde a fenómenos de tolerancia y sensibilización.

Las manifestaciones clínicas más frecuentes son las relativas al uso de cocaína, más las alteraciones pulmonares graves relacionadas a la vía y forma de administración.

  • Cuadro simpaticomimético (midriasis, taquicardia, hipertensión arterial)
  • Dificultad respiratoria.
  • Ulceraciones de la mucosa lingual, bucal, faringe
  • Aparato respiratorio: Neumotórax
    • Hemorragia alveolar difusa
    • Broncoespasmo
    • Quemaduras térmicas de las vías aéreas
    • “Pulmón de crack” (neumonitis, hipersensibilidad, eosinofilia)
  • Diferentes grados de desnutrición, deterioro orgánico multisistémico (miocardiopatías, daño hepatorenal, etc.)
  • Necrosis distal de los dedos.
  • Alteraciones neurocognitivas.
  • Alteraciones alimentarias.
  • Síndrome Disfórico Post Consumo
    • Desánimo
    • Angustia
    • Ideación suicida
    • Algunos recurren a la marihuana o al alcohol para sedarse y lograr el sueño.

Intoxicación aguda

  • Síntomas neuromusculares: temblor de extremidades, hipertonía («ponerse duro»).
  • Estereotipias motoras: movimientos periorales, intranquilidad motora, paseo constante sin finalidad, abrir y cerrar cajones y puertas, emisión de gemidos y frases sin sentido.
  • Fenómenos paranoides: sentirse vigilados por la policía, su familia, etc.
  • Fenómenos sensoperceptuales: ilusiones y fugaces alucinaciones visuales, auditivas y cenestésicas
  • Síntomas neurovegetativos
    • Rigidez
    • Estereotipias motoras
  • Síntomas psíquicos
    • Ideas paranoides
    • Hipervigilancia
  • Síntomas de euforia
    • Grandiosidad
    • Beligerancia o agresividad

Los fenómenos paranoides y sensoperceptuales son siempre limitados al momento de la intoxicación. Parece tener menos relación con la cuantía del consumo que con la regularidad de este.

Con el paso del tiempo dosis muy pequeñas desencadenan el síndrome, lo que es altamente sugerente de la expresión de la sensibilización a esta sustancia.